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¿Qué es la obsolesencia programada?

La obsolescencia planificada es la planificación del fin de la vida útil de un producto de forma que este se vuelva obsoleto o inservible en el ninguno de un periodo calculado por adelantado por el fabricante, durante la fase de diseño del producto o servicio. La obsolescencia planificada se utiliza en productos muy variados y, para la industria, estimula positivamente la demanda al animar los consumidores a comprar de forma artificialmente acelerada nuevos productos.

Historia e impacto

La obsolescencia programada fue desarrollada por primera vez entre 1920 y 1930, momento en que la producción en masa empezó a forjar un nuevo modelo de mercado en el cual el análisis detallado de cada una de sus partes aconteció un factor fundamental para conseguir el éxito.

Esta práctica se ha usado en diferentes productos, desde electrodomésticos y electrónicos, hasta ropa y productos de consumo en general.

 

La obsolescencia programada puede tener un impacto negativo en el medio ambiente y en la economía. Los productos que tienen una vida útil limitada a menudo acaban en vertederos, cosa que contribuye a la contaminación del suelo y del agua. Además, la necesidad de reemplazar constantemente los productos puede llevar los consumidores a gastar más dinero a largo plazo y puede hacer que los productos sean inaccesibles para aquellos que no se pueden permitir actualizar constantemente.

Política empresaial de obsolescencia

España no tiene ninguna ley específica para la obsolescencia programada en general. Sin embargo, sí que regula esta práctica en algunas industrias: el Real Decreto 110/2015 insta en el artículo 6 que las empresas de tecnología tienen que "diseñar y producir sus aparatos de forma que se prolongue en lo posible su vida útil, facilitando entre otras cosas, su reutilización, desmontaje y reparación”.

¿Existen soluciones o propuestas alternativas?
Sí.

Después de muchos años de demanda popular, la problemática de la obsolescencia programada hizo el salto a la esfera administrativa a Europa, donde el 4 de julio de 2017 el Parlamento Europeo aprobó la Resolución sobre una vida útil más larga para los productos: ventajas para los consumidores y las empresas.

Además de la legislación europea, algunos países se encuentran también en el proceso de creación de un marco legal para prevenir la obsolescencia programada. El caso más llamativo es el de Francia, donde después de una ardua batalla política que duró varios años, hoy ya se castiga con penas que pueden llegar a implicar sanciones económicas de hasta 300.000 euros y dos años de prisión para los fabricantes que programen sus dispositivos para que dejen de funcionar con el paso del tiempo.

 

  • El Sello ISSOP

Es un distintivo que entrega la Fundación Energía e Innovación Sostenible sin Obsolescencia Programada (FENISS) y que certifica a las empresas que priorizan la producción de bienes y servicios respetuosos con el medio ambiente, sin obsolescencia programada, preferiblemente de comercio justo y que contribuyan a la reducción de emisiones y una correcta gestión de residuos. 

Empresas como Casio, SostreCívic o Scanfisk Seafood son acreedoras de este sello.

En el caso de la empresa pescadera Scanfisk Seafood, por ejemplo, el  Sello ISSOP otorgado en 2016 premia la invención de un refrigerador que funciona con energía renovable, el agua sobrante es reciclada y el aparato y todos sus componentes son reparables y actualizables al carecer de obsolescencia programable.

 

  • La Alargascencia: iniciativa de la ONG Amigos de la Tierra

El ONG española Amigos de la Tierra ha puesto en marcha la iniciativa Alargascencia, que en contraposición a la obsolescencia aboga para prolongar todo el posible la vida útil de los productos a través de la compra, venta, alquiler y trueque de bienes de segunda mano. Para lo cual han creado una red de establecimientos que no solo sirven como punto de encuentro para intercambiar los objetos cuando ya no se necesitan, sino que también se pueden reparar y evitar así tener que comprarlo de nuevo.

Pero Amigos de la Tierra no es la única ONG decidida a pelear contra la obsolescencia programada. Greenpeace también ha activado una campaña para fomentar una mayor reparación de los dispositivos móviles en lugar de la tendencia actual de cambio de terminal.

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